Abr 28 2009

Células Madre contra la diabetes, cada vez más cerca

LaboratorioUn tratamiento desarrollado por médicos brasileños que combina la quimioterapia con implantaciones de células madre tuvo resultados prometedores en pacientes con diabetes del tipo 1. De las 15 personas que fueron sometidas a un primer tipo del tratamiento entre 2003 y 2007, 14 dejaron de necesitar la inyección de elevadas dosis diarias de insulina debido a que sus organismos volvieron a producir la sustancia.

En una segunda parte del estudio, cuyos resultados fueron divulgados este mes, los pacientes que ya habían sido tratados conéxito fueron sometidos el año pasado a nuevo tipo de tratamiento con células madre que les permitió seguir siendo independientes de la insulina, informó hoy en su site la Fundación de Apoyo a la Investigación en el Estado de Sao Paulo (Fapesp), que financió el proyecto.

Los pacientes que habían vuelto a necesitar insulina consiguieron reducir las dosis que requerían con el segundo tratamiento. Los dos estudios fueron realizados por investigadores del Centro de Terapia Celular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sao Paulo (USP) en la ciudad de Ribeirao Preto, que es uno de los centros de investigación e innovación mantenidos por la Fapesp.

El segundo de los estudios, coordinado por el médico Julio Voltarelli, mereció una publicación en la última edición de la revista científica Journal of the American Medical Association (JAMA). “Aumentamos el seguimiento y mostramos que, pese a haber ocurrido una regresión en algunos pacientes, la producción endógena de insulina aumenta con el nuevo tratamiento tanto en el grupo que sufrió la regresión como en el que ya se había independizado de las inyecciones”, explicó Voltarelli.

La diabetes de tipo 1, la que produce insulino-dependientes, afecta a cerca de un millón de brasileños y corresponde a cerca del 10 por ciento de los casos de la enfermedad. Este tipo es el más grave debido a que afecta principalmente a menores. Los estudios fueron realizados en pacientes en etapa inicial de la enfermedad. El grupo de 15 pacientes estudiado en la primera fase fue aumentado para la segunda a 23 voluntarios de entre 13 y 31 años de edad que tuvieron seguimiento durante treinta meses hasta abril de 2008.

“De esos 23, 20 no tuvieron que volver a tomar insulina inicialmente, pero 8 volvieron a necesitarla posteriormente. Fue sin duda ninguna un excelente resultado”, según Voltarelli. El nuevo tratamiento consiste en someter a los pacientes a procesos de inmunosupresión, es decir a inyecciones de altas dosis de drogas que desactivan el sistema inmunológico y que impiden los ataques a las células del páncreas.

La diabetes de tipo 1 hace con que las propias células del sistema de defensa del organismo ataquen a las células del páncreas, que son especializadas en la producción de insulina. Con el sistema inmune inactivo, son implantadas en los pacientes células madre de su propio organismo para que reconstruyan la médula y el sistema inmunológico.

El tratamiento permite una rápida recuperación del sistema inmunológico, en hasta nueve días, y la formación de células que ya no atacan el páncreas. El procedimiento permitió que los pacientes volviesen a producir insulina y a no requerir las inyecciones diarias.

“Actualmente tenemos 14 pacientes que ya no necesitan tomar insulina y 6 que lo necesitan. Dos tuvieron una recaída pero volvieron a librarse de la insulina con un nuevo tratamiento metabólico”, aseguró el especialista.

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Abr 25 2009

Dar a luz antes de los 35 es muy aconsejable

BebéLa premisa de los médicos es clara: cuanto antes, mejor. No obstante, son conscientes de que la sociedad actual obliga a muchas mujeres a posponer sus deseos de ser madres. Eso sí, como aconsejan, “lo ideal” es no pasar por el paritorio una vez cumplidos los 35 años, ya que a más edad más posibilidad de tener complicaciones.

En este sentido, el director de la unidad de reproducción asistida del centro Gutenberg, Manuel Martínez Moya, recuerda que tener un hijo implica una sobrecarga para el cuerpo. Y que cuanto más joven sea la persona, el organismo tolera mejor ese esfuerzo. “A partir de una edad, aumentan tanto los problemas de la mujer para quedarse embarazada como los peligros para el bebé”, plantea este experto.

El jefe de la unidad de reproducción humana del Materno Infantil, Alberto Reche, insiste al respecto en que cuanto mayor sea la parturienta, más riesgos tiene de sufrir hipertensión, diabetes gestacional, anomalías en el útero o de tener que someterse a una cesárea. Por su parte, el bebé tiene más probabilidades de nacer prematuro y padecer un retraso en el crecimiento.

Los expertos consultados afirman que en los últimos años aprecian un importante desplazamiento en la edad del primer embarazo. “Desde que la mujer se ha incorporado al mundo laboral, no se queda embarazada tan pronto. Además, el mejor conocimiento de los medios anticonceptivos evita que haya sorpresas. Ahora estamos en la frontera de los 30 años”, aseveran. Y eso en el mejor de los casos. “Hoy mismo he asistido un parto de una mujer de 48 años y en una ocasión atendí una cesárea de una de 52″, revela Alberto Reche.

A su juicio, la edad máxima para afrontar la maternidad depende de la realidad biológica de cada paciente, aunque advierte de que con los años se reduce la tasa de éxito al descender la reserva ovárica de la mujer, lo que le resta posibilidades de convertirse en madre de forma natural.

Sobre el protocolo seguido con las parturientas mayores, los facultativos explican que simplemente deben hacerse un chequeo previo al embarazo y aumentar el número de visitas al ginecólogo, para prevenir. A esas edades también se refuerzan las pruebas para descartar anomalías en el feto.

Las desventajas de concebir un hijo ya maduro no se quedan en el paritorio. Así, pediatras y psicólogos subrayan que los padres tardíos tienen que hacer un esfuerzo extra por educar a hijos adolescentes cuando ellos estén rondando la jubilación y les separen cuatro generaciones. Por su parte, los nacidos de madres muy mayores se ven obligados a asumir responsabilidades en el cuidado de sus progenitores a una edad impropia. Jóvenes que en el momento de estudiar deberán preocuparse por atender a unos padres ancianos.

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Abr 23 2009

El deporte y la dieta reducen el riesgo de diabetes

DeporteLa actividad física y unos hábitos dietéticos saludables reducen hasta en un 46 por ciento el riesgo de diabetes entre los mayores, según un estudio de la Universidad de Harvard en Boston (Estados Unidos) que se publica en la revista ‘Archives of Internal Medicine’.

Los investigadores muestran en su estudio que incluso en el caso de los mayores, los factores del estilo de vida como la actividad física, los hábitos dietéticos, el consumo del tabaco y el alcohol y la cantidad de grasa corporal se asocian con un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad.

Los autores del trabajo, dirigidos por Dariush Mozaffarian, examinaron las relaciones de los factores de riesgo del estilo de vida con la incidencia de la diabetes durante un periodo de diez años (1989-1998) en 4.883 hombres y mujeres de 65 años o más. Al inicio del estudio, la edad media de los participantes era de 73 años, el 58,6 eran mujeres y el 11,4 por ciento no eran blancos, de ellos el 95 por ciento eran de raza negra. Aproximadamente la mitad de los participantes no había fumado nunca.

Los grupos con un estilo de vida de bajo riesgo se definieron por una actividad física superior a la media; un mayor consumo de fibra, menos consumo de grasas trans, índice glucémico más bajo de media y una mayor proporción de grasas poliinsaturadas frente a las saturadas; nivel de tabaquismo, si se daba; consumo de alcohol, de ligero a moderado; índice de masa corporal menor de 25; y circunferencia de cintura de 87,8 centímetros o menos en mujeres y de 91,4 o menos en hombres.

Después de tener en cuenta de forma simultánea aspectos como la edad, el sexo, la raza, el nivel educativo, los ingresos anuales y otros factores del estilo de vida, cada factor de riesgo se asoció de forma independiente con la incidencia de la diabetes. En conjunto, cada factor adicional que tenía un individuo del grupo de bajo riesgo se asociaba con un 35 por ciento menos de riesgo de diabetes.

Los individuos de la categoría de bajo riesgo sólo en la actividad física y los hábitos dietéticos, casi uno de cada cuatro adultos, tenían un 46 por ciento menos de incidencia de la diabetes.

Al combinar los grupos de bajo riesgo en lo relativo a la actividad física, los hábitos dietéticos, el tabaquismo y el consumo de alcohol suponía un 82 por ciento menos de riesgo presente de diabetes. Además, cuatro de cada cinco de los nuevos casos de diabetes parecía atribuible a no tener estos factores de bajo riesgo. Si se añadía a ellos el no padecer sobrepeso u obesidad o no tener una gran circunferencia de cintura el menor riesgo ascendía al 89 por ciento.

Según los investigadores, estos descubrimientos sugieren que incluso en los años avanzados de la vida, la gran mayoría de los casos de diabetes se asocian con los factores del estilo de vida.

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Abr 20 2009

Richard Burt, el hombre que un día dió esperanza

Richard BurtEl doctor Richard Burt, de la “Northwestern University Feinberg School of Medicine” de Chicago, no puede ocultar que está más que contento con su último éxito profesional. El doctor Burt está emocionado. Lleva más de veinte años estudiando cómo curar la diabetes y por primera vez vislumbra esperanzas de curación de la enfermedad. Un estudio del que es coautor ha establecido la posibilidad de mantener a raya la diabetes tipo 1 con un autotrasplante de células madre adultas, procedentes de la médula ósea del paciente. Las expectativas son enormes pero hay riesgos. “Se ha abierto una puerta que ahora cada paciente debe decidir si quiere cruzar”.

Hasta ahora no se ha descubierto ninguna manera de prevenir ni de evitar esta diabetes. Simplemente hay que vivir con ella, controlando la dieta, el estilo de vida y por supuesto la esclavitud del pinchazo. Acostumbrarse a ser un “yonqui” de la insulina y aun así a tener un susto de vez en cuando.
Pero ahora el equipo del doctor Burt, aunando esfuerzos con otro equipo de la universidad de Sao Paulo en Brasil, ha conseguido que una veintena de pacientes puedan estar una media de dos años y medio sin pincharse. En uno de los casos se logró cortar la dependencia de la insulina hasta cuatro años. En otros casos el autotrasplante no consiguió eliminar las inyecciones del todo, pero sí bajar las dosis.

Es lo más parecido a un éxito aplastante que nadie ha tenido nunca en su lucha con esta enfermedad. Y sin embargo no todo es triunfo. Por la misma naturaleza del autotrasplante los pacientes tuvieron que someterse a una quimioterapia comparable a la que reciben los enfermos de cáncer. Aparte de los típicos malestares asociados a la quimioterapia (náuseas, caída del pelo), sus defensas menguaron dramáticamente. Dos contrajeron neumonía, tres tuvieron disfunciones endocrinas y nueve hombres registraron una pérdida significativa de la fertilidad.
¿Vale la pena correr estos riesgos para curar esta enfermedad? El doctor Burt cree que sí. No tanto porque minimice estos problemas como porque cree que es un peligro minimizar la enfermedad. “No olvidemos que uno de los posibles efectos a largo plazo de la diabetes es la demencia”, subraya. Tal vez no tenga el dramatismo del cáncer, pero sí una enorme capacidad de “desgastar día a día, gota a gota”. Sobre todo con las crecientes expectativas de longevidad, eso es algo a tener muy en cuenta.

Además, el doctor Burt insiste en que “los pacientes más jóvenes, aquellos que más aprensión pueden sentir hacia la pérdida de fertilidad, son los menos expuestos a ello; por debajo del 26 por ciento se retiene un 95 por ciento de la fertilidad”.

De todos modos el autotrasplante no se ha probado, ni se probará por el momento, ni con mujeres embarazadas ni con niños pequeños. El más joven de los 23 voluntarios que participaron en el estudio tenía 13 años. El mayor, 31. Los investigadores están ahora a la espera de que la agencia estadounidense del medicamento, la poderosa FDA, autorice nuevas pruebas, mucho más extensas, con personas que hayan contraído la enfermedad recientemente, y aún conserven cierta capacidad de producción de insulina.

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